Llegamos a Belgrado a las 5:30am después de 8h de bus sin haber dormido prácticamente. Con los ojos medio cerrados sacamos dinero flipando con lo devaluado que está el dinar y el taco de billetes que nos dan para ser 50€ al cambio…

Ya en nuestro hostal, nos abre el dueño con un resacón digno de mención y nos dice que le da igual que nos echemos a dormir donde queramos. Tiene en el sótano un sofá cama y una cama pequeña donde nos podemos apalancar a dormir. O montar una fiesta, ya que eso tenía toda la pinta de haber servido para ello en algún momento.



Ese día, lo dedicamos casi en exclusiva a descansar, ya que estaba diluviando y poco se podía hacer allí. Llegamos a ver el barrio bohemio, el parlamento, las cortes y la catedral. Al volver al hostal, el dueño tiene montada una fiesta con rakija en cantidades industriales, lo que explica el estado con el que nos abrió la puerta esa mañana… Además, tienen un cachorro de gato pupulando por la cocina más majo…

Al día siguiente con las pilas recargadas (ventajas de dormir en el sótano, que no nos comimos la fiesta) aprovechamos para hacer el free tour (que si sigue siendo el mismo guía, merece muchísimo la pena!) y a pasear por río a ver la confluencia entre el Sava y el Danubio.








En Belgrado el tema de la guerra de los balcanes no se nota para nada. Quitando un edificio que se mantuvo sin reconstruir, el resto de la ciudad está entera. En general, es una visita agradable, ideal para una escapada de un par de días.
Como curiosidad, nos contaron que durante la guerra había días que el Sava bajaba rojo por la cantidad de sangre…




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