Eurotrip 3: Más parques de atracciones

Tras haber sobrevivido a la intensidad del Graspop Metal Meeting, tocaba cambiar el chip. Nos esperaba una semana intensa de parques, con un poquitín de turismo para disimular, cervecitas belgas más allá de jupiler…


Lunes 22 de junio: Bobbejaanland y la crisis del alojamiento

Nos levantamos en el camping de Dessel, recogimos todo el campamento tras los días de festival y pusimos rumbo directo a Bobbejaanland. Ibamos con el tiempo pillado, porque si Astérix cerraba pronto, éste más. A las 17 ya estaba todo cerrado, no las colas, el parque. Llegamos como a las 12, pero gracias a subirnos por las colas single ride, nos dio tiempo a todo.

Es cierto que el attendance del parque era bajo. Prácticamente todo lo que había eran excursiones de colegio, así que es muy fácil que sean grupos impares y se queden huecos para single ride.
Antes de tener Mike el bonoparques platino, yo no había escuchado hablar de este parque, pero oye, como lo incluía, sonaba a un buen plan. El parque en sí es pequeñito, más o menos del tamaño del parque de atracciones de Madrid.

En esas 5h que estuvimos en el parque, nos dio tiempo a montarnos en todas las majors e incluso a repetir algunas. Sobretodo a partir de las 15 que se fueron la mayor parte de excursiones.

Destacar que en los parques europeos no ponen pegas para entrar con tu propia comida y bebida. Además, en todos los que he estado, hay fuentes para que puedas rellenar tu botella de agua. Sin embargo, aquí nos encontramos con un cartel de agua no potable en los grifos y no encontrábamos fuente. Tras preguntar a varias trabajadoras, nos dijeron que hay un punto de agua escondido (con un mini cartel) en el lateral de una caseta «de cocacola».

Tras un día de parque y otra paradita en un Delhaize para comprar cositas frescas para cenar, ya que ibamos a tener cocina, emprendimos la marcha a Wavre.

Teníamos reservado una habitación en un apartamento compartido. Cuando llegamos, los inquilinos de las otras dos habitaciones estaban en la calle. Y al entrar descubrimos por qué. Era un auténtico horno, igual a más de 40º. No teníamos termómetro, pero más calor que en el camping a pleno sol… Y de la limpieza de aquello mejor no hablar.

En teoría teníamos reservadas dos noches allí, pero ni era habitable, ni nos daba ninguna confianza dejar nuestras cosas en un apartamento donde la puerta de la calle está totalmente abierta y las ventanas de la habitación dan a la altura de la calle. Intentamos contactar con los dueños para pedir aunque fuera un ventilador para pasar la noche, pero ni siquiera tenían. Booking nos dijo que solicitaría la cancelación, pero sin embargo, a día de hoy, sigo sin haber recibido el reembolso. Alegan que su atención al cliente no lo pidió y que ya está fuera de plazo. También dicen que si la propiedad no responde, les dan la razón a ellos. Por «cortesia», me han dado 18€ para gastar en su plataforma, cosa que no compensa para nada.

A las 20h, tras un festival y un día de parque, nos pusimos a buscar alternativas que no se nos fueran muchísimo de presupuesto. Logramos encontrar un apartamento en Gembloux, que si bien era sencillo, estaba limpio y tenía todo lo necesario para continuar las vacaciones. Queremos pensar que no perdimos 50€ cada uno, sino que lo invertimos en nuestro descanso.

Martes 23 de junio: Abadía medieval y LLN

Tras el tute acumulado de Graspop y la mudanza exprés de la noche anterior, el cuerpo nos pedía un respiro a gritos. Hicimos una buena cura de sueño y nos lo tomamos con mucha calma. El calor apretaba de lo lindo desde primera hora.

Nuestra idea inicial era visitar las ruinas de la Abadía de Villers-la-Ville y poner rumbo después al Museo Hergé (el creador de Tintín), pero entre el ritmo tranquilo de la mañana y lo que nos entretenemos fotografiando ruinas, se nos hizo tardísimo y no llegábamos a tiempo para la entrada al museo.

Aun así, nos acercamos a Louvain-la-Neuve (LLN). Para mí tenía un punto bonito de remember, ya que mi hermano estuvo viviendo allí un tiempo y yo me pasé un par de veranos con él allí. En lugar del museo, aparcamos directamente en el centro comercial L’Esplanade y nos dimos un buen paseo hasta la Grand Place. Siempre me ha parecido muy curiosa esta ciudad. No es que tenga gran cosa, ni que sea bonita monumentalmente hablando, ya que tampoco tiene ni 60 años de antigüedad, es que es como un campus gigante, con el tráfic por debajo y la superficie 100% peatonal.

Ya por la tarde no podíamos posponer más un tema ropistico importante: lavar la ropa después de 10 días fuera de casa. En lugar de meternos en una lavandería fea de ciudad, buscamos en el mapa un pueblo con encanto que tuviera una lavandería autoservicio. Braine-le-Château cumplía ambos requisitos a la perfección.

Para amenizar los tiempos de lavado y secado, nos fuimos a una friterie cercana a pillar unas patatas belgas con su salsa brazil (mi otro souvenir además de las cervezas). Ya con toda la ropa limpia y oliendo a gloria, nos dimos una vuelta rápida para ver el castillo del pueblo y lo poquito más que tiene para visitar.

De regreso hacia Gembloux hicimos una parada en Waterloo. Nos acercamos a la Colina del León, nos hicimos cuatro fotos de rigor y continuamos al apartamento para cenar y descansar lo que pudieramos, porque al día siguiente nos esperaba la paliza en Walibi Belgium.

Miércoles 24 de junio: Walibi BE y la crisis del roaming 2.0

El camino hacia Walibi Belgium fue como la seda con el GPS, pero al llegar a la puerta… zas: cero cobertura. Afortunadamente habíamos sido precavidos y llevábamos las entradas descargadas en el móvil, así que entramos sin mayor problema y no le dimos mucha importancia en ese momento.

En el parque pillamos un punto de WiFi (bastante inestable, solo tiraba en una zona concreta) y logramos avisar a la familia y abrir una incidencia en MobiMatter. Resulta que había caído el roaming del operador holandés que nos daba servicio. ¡Oficialmente arrancaba la Crisis del Roaming Vol. 2!

El día estuvo marcado por un calor sofocante: 38 ºC con una humedad insoportable. Por suerte, en este parque sí que estaban poniendo medidas: además de fuentes, tenían aspersores instalados e incluso empleados paseándose con mochilas fumigando a la gente. Tienen también una water coaster que moja un montón (en el centro y lateral).

Pese a todo, hicimos pleno en las majors aprovechando que la los belgas no están acostumbrados a este calor. Eso sí, nos tragamos dos montañas rusas horribles, Vampire y la Boomerang de Vekoma, que te dejan el cuello para el arrastre. Y nos quedamos con las ganas de probar Loup Garou, que estuvo cerrada todo el día precisamente por el caloret. Un traumita menos, pero ya no la podremos probar porque la desmantelarán pronto.

Decir que después de tantísimas montañas rusas como hemos probado en este viaje, Kondaa me parecía más familiar de lo que me esperaba. Por si acaso, nos montamos 5 veces seguidas, por asegurarnos bien.

El plan inicial al salir del parque era tirar hacia Bruselas, pero meternos en una gran ciudad a callejear sin internet ni mapa era jugársela demasiado. Por si fuera poco, nada más incorporarnos a la autovía saltó el chivato de la reserva de gasolina. Con el panorama encima, me salí en la primera salida que vi. Vi un cartel que marcaba Leuven a solo 19 km y pensé: «Malo será, tiramos por ahí».

Y allá que fuimos, confiando plenamente en la orientación y tirando de mis «viomaps» mentales. Aparcamos en Leuven, nos dimos un paseo por el centro histórico y aprovechamos el WiFi de un McDonald’s para empollar la ruta de vuelta al alojamiento por si acaso.

Regresamos a Gembloux sin un solo contratiempo y, para coronar un día de supervivencia sin GPS, compramos unas frites para cenárnoslas tranquilamente en el apartamento.

Jueves 25 de junio: Encanto rural en Crupet y el sablazo del agua

El jueves nos despedimos de Bélgica para poner rumbo a Poitiers. En lugar de meter el piloto automático por la autopista francesa sin más, quisimos hacer una parada en algún pueblo con encanto. El elegido fue Crupet.

El sitio feo no es, pero nos llevamos el chasco de que el castillo con el torreón de agua es privado y solo se puede ver por fuera. Lo bueno es que aprovechamos la parada para comer en la terraza del restaurante Les Terrasses de Crupet, donde por fin nos dimos el gusto de probar platos típicos: una buena carbonada y unas boulettes . Todo riquísimo, aunque la gracia de la comida vino acompañada del sablazo del día: ¡nos cobraron 5,50 € por una botella de agua! Si es que es mejor pedir cerveza… Un detalle para no olvidar mirar la carta antes de pedir.

Tras la comida encaramos la tirada hacia Francia. Cruzamos la frontera por una carretera secundaria horrible, de esas que no te enteras ni de que has cambiado de país hasta que ves las señales. Y ahí fue cuando descubrimos el trucazo del viaje para la navegación: como Google Maps o Waze se vuelven locos en trayectos tan largos y te meten por mil pueblos y rotondas, le pedimos a Gemini que nos trazara la ruta priorizando autovías de 110 km/h, sin rotondas y evitando travesías urbanas. Mano de santo.

Aprovechamos las horas de coche para ir llamando de forma insistente a atención al cliente de Booking, intentando que nos solucionaran de una vez el tema de la cancelación del apartamento de Wavre. Spoiler: no sirvió de nada, solo para acumular indignación por la falta de respuestas.

Viernes 26: Futuroscope

El viernes arrancó en Poitiers con una ola de calor histórica en toda Francia. Mirando noticias nos dimos cuenta de la suerte que estabamos teniendo con nuestra ruta parqueril: en los días anteriores habíamos pillado parques sin apenas colas y con casi todo operativo. Ese día, en cambio, la situación en otros parques europeos era crítica por las altas temperaturas (en parques como Disneyland Paris, Walibi o Parc Astérix cerraron mogollón de atracciones, además de recortar espectáculos por el calor insoportable).

La noche en el hotel F1 había sido durilla. La habitación no tenía ventilador y nos tocó dormir con la ventana abierta de par en par, con el extra de que a mitad de noche nos despertó una niña llorando en la habitación de al lado. Así que antes de salir hacia el parque le echamos un poco de morro: hablé directamente con la limpiadora en el pasillo y conseguí que nos dejara un ventilador para nuestra segunda noche. Quién no llora, suda.

En Futuroscope puedes entrar y salir las veces que quieras, tanto al parque como al parking. Echamos allí todo el día a nuestro ritmo, comiéndonos unos bocatas que llevábamos preparados y saliendo más tarde a cenar a una pizzería fuera del parque. Lo malo que tienen es que no hay nada que hacer desde las 20 que cierran las atracciones hasta casi las 23 del show. Así que irse a cenar es una buena opción.

Por otro lado, el parque está muy bien preparado para verano (e invierno), porque prácticamente todas las colas y las atracciones están climatizadas. De hecho, hubo algún cine IMAX que resultaba imposible no dormitar estando a oscuras y tan a gustito con el fresquito…

Respecto a las atracciones, los cines y simuladores están súper bien, pero la palma se la lleva Cazadores de Tormentas (Chasseurs de Tornares): una atracción brutal, súper bien hecha y muy inmersiva. Lo único «malo» o a tener en cuenta de Futuroscope es que prácticamente todo el contenido y las locuciones están 100% en francés.

Para cerrar el día volvimos a ver el espectáculo nocturno final sobre el lago: un show genial de fuentes, luces y efectos proyectando una historia directamente sobre cortinas de agua.

Sábado 27 de junio: Poitiers histórica, susto por calor y noche de cócteles en Pamplona

El sábado por la mañana aprovechamos para hacer una visita corta a Poitiers ciudad. Aparcamos en el parking de Notre-Dame. Por fin han terminado la restauración de la fachada de la iglesia. Sabía yo que tenía que volver!

Ahí vivimos el momento de tensión del día: al salir del coche nos encontramos a una persona tirada en el suelo, sin saber muy bien si por una tajada monumental o por un golpe de calor. Avisamos como pudimos por el interfono de la máquina de pagar el parking y fue increíble, no había terminado de hablar con el señor y ya estaban viniendo los de emergencia. Y antes de salir del parking, escuchamos las sirenas de una ambulancia. Con esa sensación de haber hecho las cosas bien e igual haber salvado a una persona, dimos una vuelta por el centro; Poitiers es una ciudad tan bonita y recomendable como siempre.

De ahí pusimos rumbo directo a Pamplona. Con el truco de gemini, el viaje se nos hizo bastante ameno y sin marear mucho la ruta. Llegamos a casa de nuestro amigo Dani, que ejerció de anfitrión diez de diez: nos llevó a patear el centro histórico para enseñarnos las antiguas murallas, la plaza del Ayuntamiento, la calle Estafeta y el Castillo. Para rematar, unos pinchos en La Mejillonera, un buen cóctel por el centro y nos fuimos a casa, donde nos quedamos de charleta arreglando el mundo hasta las 3:00 AM.

Domingo 28 de junio: Rumbo a Galicia, parada en Gijón y arranque en Viveiro con Galipizza <3

El domingo tocó volver a reorganizar el coche para encarar el viaje hacia Viveiro. Para esta etapa, cambiamos el toldo y la tienda de campaña (que se quedaron temporalmente en Pamplona) por Dani y Bego. La verdad, resulta increíble ver cuánto equipaje cabe en un dacia.

Durante el camino, hicimos una paradita en Gijón aprovechando para dos cosas, ver a Gin y Nefta y pegarnos una buena comilona. Ya con la tripita llena, porque de Asturies no te vas con hambre, continuamos lo poquito que nos quedaba a Viveiro.

Allí nos juntamos por fin con Valen y Marcos. Poquito a poco, se va juntando el resupiso. La mejor manera posible de aterrizar en Galicia y prepararnos para una semanita de Resu fue que me enseñaran mi nueva pizzería favorita. El Galipizza <3


¡Y hasta aquí nuestro eurotrip por Bélgica y Francia! En la próxima (y última) entrada: el Resurrection Fest.


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